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De donde nacen los perfumes

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¿Sabías que los perfumes se obtienen a partir de materias primas de lo más extrañas? Un perfume posee una construcción olfativa que evoluciona con el tiempo. Normalmente se pueden distinguir 3 fases en el desarrollo del olor de un perfume y dicho fenómeno se representa gráficamente en forma de pirámide: en la cima de esta figura geométrica están las llamadas notas de salida o de cabeza; en el centro, las del cuerpo o corazón; y en la base, las de base o fondo. La primera fase corresponde al olor del perfume en los primeros instantes tras aplicarlo sobre la piel. La segunda fase en su olor a las pocas horas de llevarlo. La tercera fase son sus notas al final del día. Existen, sin embargo, otras ”estructuras” olfativas válidas.

DE DONDE NACEN LOS PERFUMES:

Maderas y musgos: Son materias primas cuyos extractos son muy apreciados en perfumería: suelen usarse para crear las notas de fondo de una fragancia, por que le dan calidez, fuerza y profundidad. Se emplean maderas de diferentes árboles como el cedro, el roble o el ciprés, entre otros muchos. También incluyen maderas de canera o sándalo y otras especias. Los musgos son algo más refrescantes pero igual de persistentes. Se cosechan durante el invierno y la primavera en terrenos templados y en los árboles. En este mismo apartado olfativo se encuentran los aromas a cuero y a tabaco.

Resinas y bálsamos: Su fragancia se usa para redondear las notas olfativas de fondo de los perfumes. Las resinas, las gomarresinas y los bálsamos se extraen habitualmente de los árboles y de los troncos, ya que sus exudaciones naturales de determinados vegetales. Cuando un árbol se corta o su corteza se abre, aparece una secreción pegajosa más o menos transparente, pero con un color muy intenso. Entre las resinas y los bálsamos más codiciados en el mercado de la perfumería se encuentra el benjuí, en incienso, el gálbano o la mirra. Todos ellos dan calidez y, por ello, tienen un poder relajante. Además, la persistencia de sus notas les convierte en grandes clásicos del sector.

Frutos y cáscaras: La tendencia de los últimos años acerca de los perfumes al mundo de las frutas, con lo que se consiguen fragancias de notas de salida muy alegres y frescas. Sus extractos se consiguen indistintamente de la pulpa de la fruta, del jugo y de las cáscaras, aunque éstas últimas concentran una mayor intensidad o potencia odorífica. Se emplean sobre todo los cítricos, como el limón, la naranja, la mandarina, la lima, la bergamota o el pomelo. Su esencia es muy volátil y da un toque chispiante al conjunto del perfume.

Flores, pétalos y yemas: Dan personalidad a la fragancia. El riguroso proceso de cultivo y su recogida obliga a trabajar con esencias sintéticas para no encarecer el perfume. Son pocos los fabricantes que siguen el proceso tradicional de recolección, que exige cortar la flor antes de que salga el sol para evitar que se marchite con el calor y sin casi presionar sus pétalos porque su esencia es muy volátil. Es un trabajo arduo, como indica el hecho de que para obtener un gramo de aceite perfumado se requiere una hora de recolección de flores.

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